Diario romano
No me los quito de encima ni en sábado, su bendito “Sabbath”. Creía que esta mañana había terminado todo, pero no. Aquí están de vuelta con sus capisayos, sus varas de mando y su prepotencia divina… No sé qué les habrá visto su Dios para elegirlos, porque son unos verdaderos… No tuvieron bastante con hacer que lo crucificásemos, que ahora quieren que ponga guardias en su tumba por no sé qué promesa de resurrección al tercer día. ¡Qué pesadez de gente! ¡Qué ganas tengo de salir de esta maldita provincia! Resulta que ayer, viernes, casi de madrugada, me trajeron a un infeliz que se creía hijo de Dios (no sé de qué dios, porque yo tengo unos cuantos y el suyo no tenía ni nombre propio), que había ido propagando una doctrina sobre amar a los enemigos y cosas del estilo, además de haber sanado algunos enfermos, según decían los jefes religiosos, con las malas artes del demonio… A pesar de haberles preguntado cuáles eran los cargos oficiales que le imputaban al demente (encadenado has...